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CORONEL VISTO DESDE
DENTRO

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Para
1921 la gran revuelta mexicana de la Revolución y la
problemática que se vivía con la inacabable y continua toma y daca
del poder mexicano, así como la guerra cristera era el marco
referencial del mundo que recibiría a Pedro Coronel oriundo de una
de las ciudades mas particulares de la República Mexicana.
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Ya
en los años de su primera juventud le dejaban una honda huella los
movimientos artísticos de la plástica mexicana de aquella época
"... en el contexto del movimiento revolucionario el muralismo ha
sido intensamente vivido por nosotros. Era para mí algo muy
importante, me daba cuenta de que por primera vez la pintura
mexicana se trasfiguraba".
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Él
vivió y convivió con los grandes de aquella época y en medio de ese
movimiento que gestaba a las personalidades mas destacables y
vivificaba los espíritus que serían lo que hoy conocemos como los
referentes del arte moderno mexicano, gente como Diego Rivera,
Rufino Tamayo, Chávez Morado, Gerardo Murillo, Saturnino Herrán,
Siqueiros, entre otros, nutrieron su visión intuición del arte
en México. "... Vine a México en los cuarentas en inicie mis
estudios en La Esmeralda... nos dimos cuenta de las deficiencias de
la escuela, organizamos entonces una huelga a fin de que nos dieran
maestros de calidad, entonces llegaron gente como Zúñiga, Frida
Khalo, Carlos Orozco, Agustín Lazo. Fue la gran época de La
Esmeralda".
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Pedro
en sí es el reflejo de esa generación lleno de fuerza y con un
espíritu indomable y temperamental, era un personaje que incendiaba
llanos tanto adentro de sí como afuera.
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Para
él su profesión era algo intrínseco que acumula en las venas "...
siempre he pensado que la pintura es una entrega total y que el
pintor debe tener la conciencia de que esta tarea es talvez superior
a sí mismo". "Vivo como si estuviera agonizando constantemente. Como
si una especie de agonía interna - el pavor a la muerte- me
poseyera, no porque vaya a morir, sino porque ya no podré pintar".
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Su
pasión, su fuerza y vitalidad la supo imprimir en su obra, el
contacto con el mundo europeo de mediados de siglo le brinda una
gran oportunidad de hacer en sí mismo una entelequia síntesis de dos
mundos que mas que separarse en él convergen, es desde ese momento
que podríamos decir surge el genio, el maestro, la fuerza primigenia
que lo utiliza, que abusa, que lo consume, que lo destruye.
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La
pintura lo es todo, apasionantemente todo. " Soy pintor rupestre
empecé a pintar en la gruta de mi madre, de no haber sido así habría
sido el asesino mas tremendo y conspicuo".
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Sus
obras como La lucha, Cabeza de mujer, Coatlicue, Lo interno mágico,
Pavana para una mujer embarazada, Los danzantes de fuego, Los
personajes del callejón azul, Papalote de junio, Rincones de sueño,
Rostro hacia el pasado, Murmullos, Plegaria solar, Cantos de soles,
entre muchos otros dan ejemplo de la riqueza, grandilocuencia y
altura de este artista mexicano.
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La
historia lo pondrá en el lugar que merece.
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