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Hablar
de grandes figuras o genialidades femeninas en el arte debería de
ser de lo mas natural, no tendríamos necesidad de hacer ningún
reparo de asombro ni por su existencia, ni por su cantidad en tanto
su género ya que se les vería solo por sus virtudes y cualidades al
igual que lo que sucede con el varón, sin embargo, es un hecho que
tanto en el mundo occidental como en oriente la figura de la mujer
como artista en el transcurrir de la historia ha sido un elemento
excepcional.■
Siempre
inmersas y conviviendo con los patrones culturales de las diferentes
sociedades y épocas en la que vivieron, su actividad artística en
muchas ocasiones se convirtió casi en hechos heroicos ya que para
muchas de ellas esto implicó la deshonra, el descrédito, la
denostación y a veces hasta la persecución, solo muy pocas lograron
traspasar ese enorme muro de género que nuestras sociedades crearon
y que de manera paulatina y gradual han ido dando pasos hacia su
demolición.
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En
la historia antigua sabemos de casos como Arostarete, Olympia,
Kalypso o Helena de Egipto que lograron perpetuarse gracias a
Giorgio Vasari en su relación de vida de pintores, escultores y
arquitectos en 1550.■
Del
medioevo se tienen muy pocos registros ya que entre los siglos VII
al XIV la valoración del artista como genio no se dio sino hasta
entrado el Renacimiento.■
En
la Edad Media se mantenían regidos por las ordenanzas gremiales de
talleres de artesanos que sumergían en el anonimato el quehacer
artístico equiparado a cualquier otro oficio.■
Entrado
el renacimiento figuras como Anguissola o Artemisa Gentileschi nos
dan claro ejemplo de la dificultad que en su época fue esgrimir
dicha empresa para una mujer, sin embargo una vez rebasadas las
barreras sociales ambas pudieron ser valoradas tanto por el mundo de
la corte de Felipe II como en el segundo caso tener preponderancia
desde Inglaterra, Nápoles, y otros Estados.
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No
es sino hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX que
gracias al triunfo del liberalismo burgués, a la revolución
industrial y a los cambios estructurales que esto suponía en los
cánones culturales que la mujer emprendió finalmente el camino para
acceder a un proceso de emancipación, esto ayudo, aunque lentamente,
a que se abrieran paso a oportunidades de educación, entre ellas
las artes plásticas.■
Personajes
como Camille Claudel, Berthe Morisot o Mary Cassat son ejemplo de
ello, aunque todavía se puede entrever en el devenir de sus vidas el
gran riesgo que significaba pretender alzarse como figura femenina
en las Bellas Artes.
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Es
a comienzos del siglo pasado cuando ser ARTISTA va dejando de ser
estigmatizado y la mujer va conviviendo de forma más natural dentro
del mundo de las corrientes y vanguardias de la Europa que veía el
nuevo siglo.■
Trabajos
como Tamara de Lempicka y Sonia Delaunay son claros ejemplos sin
dejar pasar por alto a Frida Kalho, Leonora Carrington, Louise
Bourgeois, Remedios Varo, entre otras.
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La
condición de mujer no tendría que causar tanta extrañeza si
anteponemos que las cualidades y capacidades de la especie no se
rigen por género y que solo lo que habría de maravillarnos es la
diversidad de formas, estilos, y caminos con los cuales seres
humanos en ambos géneros tocamos temáticas que expresan la
multifacética sensibilidad humana.■
Es
por lo anterior que en esta ocasión de pie aplaudimos y valoramos el
trabajo de todas ellas y el legado que ello nos deja a la humanidad,
ya no tan solo por su valor estético sino también por ejemplo de
tesón y lucha por encontrar caminos que nos permiten vivir en
sociedades mas abiertas.
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